El Lunes siguiente, Martes, Miercoles y Jueves, se sacaron del Sancto Oficio, en forma de justicia, á azotar por las calles públicas, con voz de pregoneros que manifestavan los delitos, á los que á ello estavan condenados, y los que yvan á galeras, se llevaron con testimonios de sus causas á la Carcel de Corte, y se entregaron al Alcayde y escribano de entradas de ella, y los negros á sus amos, y los de carcel perpetua al Alcayde, y los demas se llevaron á los lugares que se les señalaron por el Sancto Oficio.
Y este dia, la tarde, Lunes 26 de Marzo, el Illmo. Sr. Conde de Monterey, visorey de esta Nueva España, salió de Palacio, acompañado de su guardia y de la gente mas principal desta Ciudad, con la qual izo un general paseo por ella, demostrando la alegría que tenia y todos deven tener, por el Triunfo de la Sancta Fee Católica, y de la Iglesia Romana, contra los erejes, y por la destruicion de los vicios, y pecados, lo qual yzo á imitacion de un paseo que por las mismas causas hizo el Rey D. Felipe 2.º nuestro Sr. que sea en Gloria, cuando el auto de Casaya, que se ayó presente. Plegué á Dios nuestro Sr. que todo aya sido par nuevo ensalsamiento de su santa fee Católica, confusion y abatimiento de nuestros enemigos, alabanza y gloria de Jesucristo Nuestro Sr., y de su bendita Madre la Virjen María, y de su corte celestial, por cuyos méritos se sirva de amparar y ayudar y favorecer á tan Santo y necesario Tribunal, y prospere los sucesos en la estirpacion de las erejías, conservando el uso del Santo Oficio, como merece, y su Divina Majestad puede.
Amen.—Laus Deo.
Este es el fiel trasunto del original y curioso manuscrito que encontré en los archivos del Tribunal de la Inquisición: en cuanto á la lista de penitenciados, que existe también, excuso ponerla por ser muy larga, pues ocuparía quizá un espacio igual á la preinserta relación.
LOS TREINTA Y TRES NEGROS
I.
Casi en el mismo año de 1521 en que el imperio de Moctezuma fué derribado, y sometido el Anáhuac á la dominación de España, comenzaron á llegar á México esclavos africanos conducidos á la tierra nuevamente conquistada, por amos cuya sórdida codicia no se saciaba con el oro y la plata que los naturales del país podían extraer de sus minas.
Los mexicanos, bien por su aversión á los conquistadores, ó bien por sus antiguas costumbres, no querían trabajar en el beneficio de las minas con la tenacidad y constancia que deseaban los españoles.
El emperador Carlos V había sido informado de que por el excesivo trabajo á que se condenaba á los mexicanos por los conquistadores, se habían producido sediciones y levantamientos más ó menos graves, y que todo esto podía tener fatales consecuencias para la corona de España; ordenó, con audiencia de sus consejeros y teólogos, que los americanos fuesen libres de toda servidumbre, anulando los repartimientos de indios que había hecho Cortés.