De aquí vino para los españoles la necesidad de tener esclavos africanos, que trabajando día y noche en las minas, recibiendo una miserable retribución, y considerados como animales, pudieran enriquecer muy pronto á sus dueños.
En efecto, fué tan grande el número de los negros que se trajeron á la Nueva España, y tantas las ganancias que producían á sus amos, que ya en el año de 1527 Carlos V, entre otras ordenanzas que mandó á México, dispuso que los negros casados pudiesen redimirse pagando á sus amos veinte marcos de oro, y en proporción los niños y las mujeres.
En un principio los esclavos eran empleados únicamente en el laboreo de las minas, pero poco después se ocuparon en las siembras y cultivo de la caña de azúcar, cuya planta aseguran algunos autores que fué llevada á las islas de América desde las Canarias por el inmortal Cristóbal Colón, y que Cortés la hizo trasplantar á México.
Por el año de 1608 el número de los negros esclavos era ya tan crecido en la Nueva España, que apenas había una familia acomodada que no tuviera muchos de ellos á su servicio[19].
A pesar de que la suerte de los indígenas de América era bien triste por el trato duro é inhumano que recibían de los conquistadores, era sin embargo muy dulce comparada con la de los infelices esclavos africanos.
En aquellos primeros años, los caballos, las mulas y los bueyes eran muy escasos en Nueva España, y el trabajo de estos animales se suplía con los esclavos negros, á los cuales se quería comunicar fuerza y vigor con el látigo de los mayordomos.
Necesariamente aquellos hombres pensaban en la libertad, no sólo porque el amor á la libertad es innato en el corazón, sino por huir de los bárbaros tratamientos á que estaban expuestos todos los días y todo el día.
Rescatarse conforme á las ordenanzas del emperador Carlos V, de que hemos hablado, era para ellos casi imposible; necesitaban para eso tanto oro, como no podrían reunir con el asiduo trabajo de toda su vida: entonces pensaron lo que era natural. La Nueva España, estaba cubierta de bosques espesísimos é inexplorados; su tierra feraz podía cultivarse con poco trabajo; las selvas estaban formadas en muchas partes de árboles cuyos frutos podían dar á un hombre y á una familia la subsistencia. Las montañas convidaban á la libertad, las fieras que vivían en sus grutas eran mas felices que los esclavos negros de los españoles, y además en aquellos inmensos desiertos el fugitivo nada tendría que temer de sus perseguidores: la naturaleza ofrecía la independencia á los seres convertidos en esclavos por la civilización.
Los negros comprendieron que al lado de las ciudades de la colonia estaban las selvas en donde habitaban los ciervos, y los lobos y las serpientes; que al lado de la servidumbre y del látigo, estaban Dios, la naturaleza y la libertad.
Y los esclavos de las minas, de las casas y de los ingenios comenzaron á huir á los bosques.