Mil noticias, ó más bien dicho, mil consejas á cual más extravagantes circulaban por la ciudad de México y por las ciudades vecinas. El nombre de Yanga y de Francisco de la Matosa pasaban de una á otra boca pronunciados con espanto.

Quién aseguraba que en uno de los bosques del camino de México á Veracruz había un campamento en el que se contaban los negros por millares; quién decía que durante las frías noches de Febrero misteriosas tropas rondaban alderredor de las ciudades como ejércitos de fantasmas evocados por un conjuro; algunos afirmaban que cuando todos los habitantes de México dormían, ellos, desde los terrados de sus casas, habían visto en las montañas de los alrededores, hogueras que no podían menos de ser contraseñas, y habían escuchado los salvajes aullidos de los negros bozales.

Todo esto se creyó, y todo esto dió margen á decir que los negros esclavos, ayudados por los bozales, trataban de alzarse, y hasta se fijó como plazo para esta sublevación el jueves de la Semana Santa.

La Audiencia gobernadora participó también de aquel temor, y comenzaron entonces á dictarse medidas de seguridad que no producían más efecto que aumentar el miedo.

Como la sublevación debía verificarse el Jueves Santo, se suspendieron las procesiones y fiestas de la Semana Mayor, y en todos esos días á las oraciones de la noche no se encontraba en las calles un solo transeunte.

Por casualidad, el Jueves Santo á media noche entró á México una piara de cerdos, y como todos los ánimos estaban preocupados y esperando el terrible acontecimiento, el primero que oyó el gruñido de aquellos animales se figuró que eran las voces de los negros que entraban á la ciudad, y esparció la alarma, y aquella alarma fué tan grande y tan espantoso el pánico que se apoderó de todos los vecinos, que nadie se atrevió á salir de su casa á cerciorarse de la verdad, hasta la mañana del día siguiente.

En estas zozobras se pasaron la Semana Santa y los días de Pascua[20].

V.

No puede saberse con segundad si la Audiencia descubrió realmente alguna conspiración, ó quiso con un ejemplar ruidoso calmar los ánimos y acobardar á los negros por si pensaban en rebelarse; lo cierto es que apenas pasó la Pascua, México presenció una de las más horrorosas ejecuciones de que haya memoria.

Veintinueve negros y cuatro negras fueron ejecutados en el mismo día y hora en la plaza mayor de la ciudad.