Ofreció el indulto á Yanga y á los suyos: fijáronse en los árboles por todas partes cédulas con este ofrecimiento, colocáronse en todas las alturas banderas blancas, y al fin Yanga escribió al Virrey.

Proponía una especie de convenio, en el que había mucho de debilidad.

Protestaban no haber tenido intención de faltar á Dios ni al rey, de quien eran leales vasallos; se comprometían á entregar en lo sucesivo todos los esclavos fugitivos á sus dueños, mediante una remuneración, y pedían un pueblo en que vivir con sus hijos y mujeres, y en el cual recibirían al cura y al justicia que se les nombrase.

El Virrey accedió á todo y les concedió terrenos para formar el pueblo, que se llamó de San Lorenzo.

IV.

En el entretanto, en México había sido grande la alarma, y el Virrey, para calmar los ánimos, mandó azotar públicamente á algunos negros que estaban presos por varios delitos.

Con esto pareció que todo había concluído, y en efecto, en esa confianza transcurrieron los años hasta 1612.

En este intermedio D. Luis de Velasco el virrey, había sido llamado á España para el desempeño de un puesto de gran importancia en la Corte: le sucedió en el gobierno de la colonia el arzobispo de México D. Fray García Guerra; pero duró muy pocos meses, porque un día al subir á su coche no pudo tomar bien el estribo, cayó, y como era muy anciano, murió de resultas del golpe.

Muerto el virrey-arzobispo, la Audiencia tomó posesión del gobierno, y el oidor decano Otalora se transladó al palacio de los virreyes.

Apenas comenzó á gobernar la Audiencia, cuando se volvió á hablar de la sublevación de los negros, y las gentes se aterrorizaron.