El 25 de Diciembre de 1866 salió para esta ciudad el Archiduque, con el propósito de dar vida al ministerio conservador que había formado antes de partir para Orizaba.

Reciente la historia del gobierno del Imperio, no es posible tocarla en el reducido espacio de que se puede disponer al ocuparse sólo de la muerte del príncipe que fué elevado al trono. La historia de esa sombra de gobierno monárquico no puede aún escribirse; porque las lecciones que de ella se derivan, se pierden cuando todavía están vivos los sentimientos de una lucha y de una restauración en un corto período de tristezas y alegrías, de esperanzas y decepciones, de tragedias políticas, de piedad y de rigor, de templanza y de exceso, de virtud y de vicio, de persecución y de amnistía, de gemidos y de bendiciones, de duelo y de vida.

Los siete años de 63 á 70, son el gran libro de una historia rápida y complexa, que á semejanza de la de los náufragos, estará llena de vida en la narración misma de la agonía. Ella entrañará lecciones saludables para un pueblo que, al sacudir el yugo de la fuerza extraña, ha proclamado la libertad de todos sus hermanos.

Esa historia la conocerán siempre aún los niños y las mujeres; porque es la historia de los sentimientos populares y el fin de las disensiones religiosas en la política militante. Las pasiones todas tomaron parte, todas se mezclaron. El entusiasmo y el dolor se tocaban á cada paso como resultado de esos resortes del corazón, que apasionado en una lucha de hombres contendientes, son tan fieles y cumplidos como la personificación de un deber sagrado, tan resueltos como una virtud heroica, y tan firmes como ciegos por la fe, tan adictos á su causa como á la de su Dios, su religión y su patria. Por esto creían muchos pelear, y aun los seres inculpables en ese conflicto aterrador tributaban un culto á la exaltación de sus propias pasiones, como la expresión de la conciencia recta, como el eco de la conciencia nacional.

Los más grandes errores toman en política las proporciones de un deber, y á la pasión que se llama patriotismo, virtud facticia muchas veces por su origen, pero sincera por el tiempo, sólo se le puede desarmar con la frialdad de la razón, la luz de la justicia y la generosidad de los sentimientos.

Este período era el punto más grave en la escala de las disensiones de los partidos; pero también debía ser el término de las profundas divisiones.

La confirmación que el Príncipe Maximiliano imprimió á las conquistas de la libertad, á los hechos consumados, y á los principios de la revolución por la reforma religiosa, puso el sello á cuestiones que antes fueron el abismo de odios y de sangre entre los partidos.

Los peligros de una existencia precaria para el porvenir de nuestra patria, amenazada siempre por los elementos intestinos y conflictos internacionales, ¿no abrirá el corazón mexicano á sentimientos de unión, único vínculo de poder nacional?

Estos eran los pensamientos de esa época, en que al través de un corto período, todos veían como indefectible la restauración de la República.

Entretanto, las fuerzas organizadas bajo la dirección de los Generales Díaz, Escobedo, Corona y Riva Palacio, marchaban sobre las ciudades de Puebla, México, Guadalajara, Toluca y Querétaro, donde los más caracterizados jefes del partido militar, ligado en sus últimos días á la suerte del archiduque de Austria, hacían grandes aprestos de resistencia. Ingrata la suerte al príncipe, los franceses se retiraron, dejando sin más apoyo á su protegido, que la fuerza mexicana y algunos escuadrones de alemanes al servicio del Archiduque, mandados por dos valientes jefes y el joven coronel Kevenüller.