LA FAMILIA DONGO
Al conde Gálvez imitas,
Pues entiéndelo al revés,
Que el conde libertó á tres
Y tú á tres á la horca citas.
Pasquin del año de 1789.
Por renuncia de D. Manuel Flores fué nombrado virrey de México D. Juan Vicente Güemes Horcasitas y Aguayo, conde de Revillagigedo, segundo de este título, y muy conocido y popular hasta hoy entre los mexicanos, por las muchas y enérgicas medidas que tomó para el arreglo de la administración de la colonia, y por los excelentes reglamentos de policía que puso en planta, que subsisten actualmente, y que forman la base de las ordenanzas y de las disposiciones municipales.
Llegó este célebre gobernante á México el 8 de Octubre de 1789, y á poco se presentó un suceso en que acreditó su actividad y su energía.
Vivía en la casa núm. 13 de la calle de Cordobanes un rico español, comerciante y propietario, llamado D. Joaquín Dongo. El día 24, á las siete y tres cuartos de la mañana, se dió parte por el alcalde D. Agustín Emparan de que la casa se hallaba abierta y tirado en el patio y nadando en su sangre el propietario de ella. Del reconocimiento judicial que se hizo, resultó que once personas que componían la familia y criados, habían sido asesinadas de la manera más cruel y más violenta, pues todos tenían numerosas heridas y los cráneos hechos pedazos, y que faltaban veintidós mil pesos que habían sido robados de las cajas.
El conde de Revillagigedo no durmió desde el momento que tuvo noticia del crimen cometido, y dictó toda clase de providencias, aun las que menos se pensaba que podrían dar un resultado satisfactorio. Un relojero de la calle de San Francisco observó en la calle de Santa Clara que de dos personas decentes que platicaban, una de ellas tenía una gota de sangre en la cinta del pelo; porque es menester recordar que entonces los hombres tenían un peinado con trenzas entretejidas con cinta. D. Felipe Aldama, que era el que tenía la mancha, fué reducido á prisión, y poco después dos de sus amigos íntimos, D. José Joaquín Blanco y D. Baltasar Quintero. Los tres eran personas decentes y aun nobles, como en esos tiempos se decía. El 7 de Noviembre, Blanco, Aldama y Quintero fueron ahorcados en un tablado tapizado de balleta negra, que se colocó entre la puerta principal del palacio y la cárcel de corte. Los machetes y varas de la justicia de que usaron para cometer el crimen, fueron quebradas por la mano del verdugo.
En un documento que se publicó consta la narración de este horrible crimen; y como no podríamos añadirle ni quitarle nada sin alterar la verdad histórica, le copiamos á continuación: