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Hay proyectos inmensos, que por más que el hombre los madure al fuego de la meditación, siempre brotan informes.
Porque una inteligencia, una voluntad, un sólo corazón, no pueden desarrollar ese pensamiento.
Porque el iniciador arroja nada más el germen que debe fecundarse y brotar y florecer en el cerebro y en el corazón de un pueblo entero.
Porque aquel germen debe convertirse en un árbol gigantesco que necesita para vivir de la savia que sólo una nación entera puede darle.
Estas son las revoluciones.
Germen que se desprende, con la palabra, de la inteligencia del escogido.
Arbol que cubre con sus ramas á cien generaciones, cuyas raíces están en el pasado, cuya fronda crece siempre con el porvenir.
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México había olvidado ya, que en un tiempo había sido nación independiente; los hijos oían á sus padres hablar del rey de España, como rey de los padres de sus padres.