Dolores es, en la geografía, una pequeña ciudad del Estado de Guanajuato.
Dolores, en la historia, es la cuna de un pueblo.
El pedernal de donde brotó la chispa que debía encender la hoguera.
La roca herida por la vara del justo, de donde nació el torrente que ahogó á la tiranía.
Al pisar por la primera vez un mexicano aquella tierra de santos recuerdos para la patria, siente latir con más violencia su corazón.
Al llegar frente á la modesta casa que ocupaba el patriarca de la independencia; al penetrar en aquellas habitaciones; al encontrarse en la estancia, que en solitarios paseos midió tantas veces el respetable anciano, se siente casi la necesidad de arrodillarse.
Instintivamente los hombres se descubren allí con veneración, y alzan el rostro como buscando el cielo, y las miradas se fijan en aquel techo, en cuyas humildes vigas tuvo mil veces clavados sus ojos el virtuoso sacerdote, mientras la idea de la esclavitud de su patria calcinaba su cerebro.
¡Cuántos días de congoja! ¡cuántas noches de insomnio! ¡cuántas horas de tribulación!
Aquellos muros guardaron el secreto del héroe, ahogaron los suspiros del hombre, se estremecieron con el grito del caudillo.
Aquella pobre casa, tan pequeña, podía contener en su recinto todo el ejército de Hidalgo en la noche del 15 de Septiembre de 1810. Y sin embargo, con sólo eso se iba á derribar un trono, á libertar un pueblo, á fundar una nación.