Hernán Cortés fué un gran capitán, porque con un puñado de valientes conquistó el imperio de Moctezuma.
Hidalgo, con un puñado también de valientes, proclamó la libertad de ese mismo imperio, por eso fué un héroe.
La superstición y la superioridad de las armas aseguraron el triunfo de Cortés.
El fanatismo y la superioridad de las armas anunciaron la derrota de Hidalgo.
Pero uno y otro triunfaron; Cortés plantó el pendón de Carlos V en el palacio de Moctezuma.
Hidalgo murió en la lucha, pero sus soldados arrancaron ese pendón, y México fué libre.
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Hidalgo pasó como un meteoro, y se hundió en la tumba, pero el fulgor que esparció en su rápida carrera, no se extinguió.—Unas cuantas fechas bastan para recordar esa historia cuyos pormenores viven en la memoria de todos.
Hidalgo proclamó la independencia el 15 de Septiembre, el 28 del mismo mes entró vencedor en Guanajuato. Triunfó en las Cruces el 29 de Octubre, y en Aculco el 7 de Noviembre.
El 30 de Julio de 1811 moría en Chihuahua en un patíbulo.