—Hidalgo quiere evitar la efusión de sangre, y nos amonesta para que nos rindamos; garantizando nuestras vidas y propiedades: leed:

El oficio se leyó en voz alta por un individuo; un silencio profundo sucedió; ni el aleteo de una mosca se escuchaba, y si acaso sólo se oía el ténue ruido que provenía del latido del corazón de aquellos hombres cuyos rostros lívidos y descompuestos, cuyas miradas tristes y descarriadas anunciaban que estaban poseídos de espanto y de pavor.

Riaño, que notó estos sentimientos, continuó con voz tan tranquila y dulce como si estuviera en una conversación familiar:

—Mi deber como magistrado me ha obligado á tomar algunas medidas de defensa; pero esto no quiere decir que Udes. deban sacrificarse á mis ideas, á mis caprichos. El ejército de Hidalgo puede ser muy numeroso; traerá sin duda artillería, y en este caso la resistencia es inútil, y pereceremos......

—Es verdad, dijeron dos ó tres voces.

—En ese caso vale más rendirse que no hacer una necia resistencia......

Hubo un silencio de algunos instantes, durante los cuales Riaño y Camargo cambiaron una mirada de alegría, hasta que una voz ronca y firme gritó:

—No, nada de capitulación, nada: vencer ó morir.

—Sí, vencer ó morir, clamaron también los demás, animándose súbitamente......

—¿Conque estáis decididos? preguntó Riaño tristemente......