Al hablar Matamoros de esta acción, dice:

«La batalla fué dada á campo raso para desimpresionar al conde de Castro-Terreño, de que las armas americanas se sostienen, no sólo en los cerros y emboscadas, sino también en las llanuras y á campo descubierto.»

Constantemente estaba Matamoros organizando tropas, á la cabeza de las cuales tenía á cada paso que batirse, y sin duda, á no ser por la desastrosa expedición á Valladolid, Matamoros hubiera libertado completamente todo el territorio que hoy comprenden los Estados de Puebla, Oaxaca y Veracruz.

Pero Dios lo había dispuesto de otro modo.

IV

El día 3 de Febrero de 1814, en la plaza de Valladolid, iba á ser fusilado un hombre.

Era éste de «pequeña estatura, delgado, rubio, de ojos azules,» y su rostro conservaba las huellas de las viruelas.

Marchando con ademán resuelto colocóse al frente de los soldados; se escuchó luego una descarga;—aquel hombre había dejado de existir.

Matamoros había muerto en el patíbulo; la causa de la Independencia perdía uno de sus más nobles caudillos.

El Sr. Morelos, según su propia expresión, «perdía su brazo derecho.»