Aquel placer era capaz de causar la muerte.
III
EL GUERRILLERO
Pocos días después de esta conversación, Hidalgo con el ejército independiente, salía de Charo (inmediaciones de Valladolid) para dar la célebre batalla de las Cruces, y al mismo tiempo, aunque con opuesta dirección se desprendía de allí Don José María Morelos.
Morelos iba á emprender la campaña por el Sur, y por todo elemento para acometer tan aventurada empresa, el Sr. Hidalgo había dado al cura de Carácuaro un papel con la siguiente orden firmada también por Allende:
«Por el presente comisiono en toda forma á mi lugarteniente el bachiller Don José María Morelos, cura de Carácuaro, para que en las costas del Sur levante tropas, procediendo con arreglo á las instrucciones verbales que le he comunicado.»
En manos de un hombre vulgar aquella autorización quizá no hubiera servido ni para levantar una guerrilla; pero Morelos era un genio.
Sobre aquellas cuantas líneas trazadas en un papel, Morelos iba á fundar una reputación gigantesca; aquella orden era para él la vara mágica con la que iba á levantar ejércitos, á fundir cañones, á dar batallas, á tomar plazas, á formidar por fin á los virreyes y al monarca español.
Durante el camino hasta llegar á su curato, Morelos marchó solo, pero su imaginación le presentaba por donde quiera divisiones en marcha, batallones en movimiento, cargas de caballería, asaltos, combates, escaramuzas, todo el cuadro, en fin, de la terrible campaña que iba á emprender.
Morelos llegó á Carácuaro, y allí reunió 25 hombres mal armados, y comenzó su carrera militar.
Conforme á las instrucciones del Sr. Hidalgo, se dirigió á las costas del Sur.