Reducido Morelos á defenderse en esa ciudad, que hoy lleva con orgullo el nombre del ilustre caudillo, dió pruebas de la grandeza de su genio.
Una ciudad pequeña en una llanura, abierta por todos lados, con unas fortificaciones hechas de prisa y sumamente ligeras: ésta era su posición.
Un ejército bisoño, casi desnudo, con malas armas, con pocas municiones, y constando de un reducido número: éstos eran sus elementos de defensa.
Félix María Calleja, el vencedor de Aculco, de Guanajuato y de Calderón, seguido de un numeroso ejército bien armado, perfectamente disciplinado, orgulloso con sus victorias, provisto de abundantes víveres y municiones, y constantemente reforzado: esto representaba el ataque.
Y sin embargo Morelos resistió sesenta y dos días y aquel sitio mereció con razón el renombre de famoso.
Viéronse allí episodios de valor inauditos para impedir que los sitiadores cortaran el agua; los sitiados hicieron prodigios, y vivieron los que custodiaban la toma, bajo una constante lluvia de proyectiles.
Por fin la situación se hizo desesperada; el hambre obligó á los insurgentes á tomar una resolución extrema, y la noche del 2 de Mayo de 1812, el señor Morelos salió de la plaza, atravesó con su pequeño ejército la línea de circunvalación, abriéndose paso á viva fuerza, y aunque sufriendo grandes pérdidas, y libre ya de aquel peligro, volvió á ser el alma inteligente y guerrera de la lucha de Independencia.
V
EL MARTIR
La suerte abandonó por fin á Morelos, y en la acción de Tesmalaca (5 de Noviembre de 1815) cayó prisionero en manos del general español Concha.—El martirio debía coronar aquella vida llena de gloria, y Morelos marchó al patíbulo lleno de valor.
La inquisición, el clero, el virrey, la audiencia, todos quisieron tener parte en el sacrificio, todos quisieron herir á su víctima, todos hicieron gala de su crueldad con aquel hombre que los había hecho temblar, y á cuyo solo recuerdo palidecían.