El prisionero no palideció siquiera, pero tampoco volvió á desplegar sus labios; poco después llegaron á Soto la Marina.
En la misma noche toda aquella población sabía que á la mañana siguiente sería pasado por las armas el destronado emperador de México D. Agustín Iturbide, hecho prisionero al desembarcar en la barra de Santander, por el general D. Felipe de la Garza.
Los historiadores no están conformes en el modo con que fué aprehendido D. Agustín de Iturbide.
Algunos de sus biógrafos, más apasionados de la memoria del desgraciado emperador que de la verdad, afirman que Iturbide llegó á las playas mexicanas ignorando el decreto de proscripción fulminado contra él en la República, y agregan que desembarcó disfrazado, fingiéndose colono, en compañía de Beneski; pero que fué reconocido por el modo expedito y airoso que tenía de montar á caballo.
Todas estas dudas se disipan y todas esas relaciones se desmienten con sólo trascribir el principio de una carta que en el momento casi de desembarcar escribía Iturbide á su corresponsal en Londres D. Mateo Flétcher, y que inserta D. Carlos Bustamante en su apéndice á los Tres siglos de México.
“A bordo del bergantín “Spring”
frente á la barra de Santander, 15
de Julio de 1824.
«Mi apreciable amigo:
«Hoy voy á tierra, acompañado solo de Beneski, á tener una conferencia con el general que manda esta provincia, esperando que sus disposiciones sean favorables á mí, en virtud de que las tiene muy buenas en beneficio de mi patria...... Sin embargo, indican no estar la opinión en el punto en que me figuraba, y no será difícil que se presente grande oposición, y aún ocurran desgracias. Si entre estas ocurriere mi fallecimiento, mi mujer entrará con vd. en contestaciones sobre nuestras cuentas y negocios, etc.»
Y esta carta está firmada:—«Agustín de Iturbide.»
Toda la versión, pues, sobre el incógnito de Iturbide, no pasa de ser una novela.