Valle combatía por primera vez al lado de los reformistas, arrebatado por ese espíritu gigante, que no le abandonó ni en los últimos instantes de su existencia.

Aquel niño cuya frente serena se ostentó en esos días á la luz resplandeciente de los cañones, se dejó ver en el combate con el extranjero, en cuyo estadio se trazaban los preliminares de una carrera de gloria y de heroicidad.

La fortuna negó á nuestras armas la victoria, pero fué impotente para borrar las hazañas de nuestros héroes; se veneran aún en aquellos campos de recuerdos patrióticos las cenizas sagradas de nuestros mártires.

¡Gloria á vosotros, que llevasteis vuestra sangre como una ofrenda á los altares de la patria!

¡Gloria á vosotros, que rindiendo un homenaje al patriotismo, caísteis en la arena lanzando vuestro último grito como un saludo eterno á la libertad!

¡Gloria á vosotros, que sobrevivís á esos días de prueba y arrastrais una existencia de olvido; vosotros sois los templos vivos de nuestras memorias, la tradición palpitante de las batallas; cada vez que las descargas anuncian que uno de vosotros baja al sepulcro, nos parece que se arranca una hoja de ese libro histórico de nuestras glorias!

II

Cuando una sociedad encalla, se necesitan los choques de la revolución para sacarla de los arrecifes.

El torrente irresistible del siglo destruye y crea al mismo tiempo; por eso vemos al mundo antiguo desaparecer con sus tradiciones, con sus hombres, con su filosofía y si invocamos como un derecho las creencias de nuestros padres, no recordamos las de nuestros mayores.

La independencia de las naciones no trae siempre consigo la idea de la libertad.