—«Quién sabe: el Tribunal sabrá lo que dispone: por mí, lo queria bien, y algo diera por verlo aunque fuera un rato.
—¿Tendrias mucho gusto?
—«Sería mi mayor felicidad.
«Santiago pareció reflexionar, y tuve un rayo de esperanza; comprendia yo que á D. José lo queria como á mi padre.
—«Si me ofrecieras un eterno silencio, quizá yo te proporcionaria el verle.
—«¡Ojála!—le dije conmovido.
—«Bien......... hoy nó......... mañana sí; mañana ven aquí á las ocho en punto.
—«Y podré.........
—«Es algo espuesto; pero probaremos... sobre todo—y puso su mano sobre la boca para indicarme una reserva profunda.
—«Os lo juro.