El Ahuizote entró al Arzobispado á noticiar al Bachiller que habia ido á dar parte á Rivera del desastre de sus casas. Al salir del cuarto de Garatuza se encontró con el Arzobispo, que acompañado del Oidor Quesada, lleno de polvo pero radiante de orgullo, volvia de las casas de la calle de las Atarazanas. El Ahuizote se puso de rodillas y se quitó el sombrero, el Arzobispo le echó una bendicion, y como venia de buen humor se dirigió á él.
—¿A quién veniais á ver?—le preguntó.
—A Gara......... es decir, al Bachiller Villavicencio, Ilustrísimo Señor.
—¿Y qué negocio teneis con él?
—Le traje una razon, Ilustrísimo Señor.
—¿De quién?—preguntó el Arzobispo.
—De Don Alonso de Rivera—contestó con descaro el Ahuizote.
—¡De Don Alonso de Rivera!—dijo admirado el Arzobispo—¿y qué negocio tiene con él el Bachiller?
La comitiva de su Ilustrísima se agrupaba curiosa de saber lo que iba á contestar el Ahuizote; creian que se iba á descubrir alguna trama nueva de Don Alonso, á quien aborrecia entonces casi toda la gente de la Iglesia.
—Pues si su Señoría Ilustrísima no nos regañara al Bachiller y á mí, hablaria.