—Te esperamos.
—Zambo, dame unas calzas de venado y un ferreruelo, un talabarte habilitado con sus menesteres, y un sombrero con toquilla y pluma.
Aquella tienda era un estuche de curiosidades, y el Zambo una presea.
A poco tenia el Bachiller lo que habia pedido; pero todas las prendas eran más que elegantes, lujosas.
Martin comenzó á cambiarse el traje.
—Garatuza—dijo un truhan—si no te quitas la loba y el alza cuello, olerás mal que te pese á incienso; todavía los calzones pasan, pero lo demás.........
—Zambo, dame una ropilla.........
El Zambo trajo una lujosa ropilla de terciopelo morado con acuchillados negros.
El Bachiller estaba trasformado, y en verdad que aquel traje le iba á las mil maravillas, era jóven, bien formado, buen mozo, y sabia llevar con garbo la ropa.
—¿Y la tonsura?—dijo un truhan.