XVIII.
En que Martin conoce otros secretos de Luisa.
LUISA se habia sentado en un sitial, y la Sarmiento permanecia á su lado.
—Esta noche—dijo Luisa—vengo á consultar con vos, negocios para mí de mucha gravedad.
—¿Quereis que comencemos?—preguntó la Sarmiento.
—No: dejad para otro dia los negocios, y hablemos; sentaos.
La Sarmiento acercó un taburete y se sentó.
—Os escucho.
—Bien, comenzaré: en primer lugar os debo las gracias por vuestros polvos que son maravillosos.
—Cuando yo os decia.........
—Y teniais sobrada razon: con la dócis que me habeis recetado se ha obtenido un resultado magnífico; mi marido duerme como una piedra desde las cuatro de la tarde hasta el dia siguiente; y para conseguir que se levante á la hora de la cena, para no llamar la atencion, uso de la redomita que me habeis dado, aplicándosela á las narices para hacerlo aspirar su contenido.........