—Mejor fuera, ni es pobre ni se opone nadie á su boda, que es rico y libre, lo mismo que la dama á quien sirve.

—¿Entonces?

—Es que él no sabe si ella lo amará.

—¿Ya se lo dijo?

—No.

—¿Pues qué aguarda?

—Que ella le dé permiso que tan enamorado es, como respetuoso.

—Si tan delicado se muestra que pida el permiso á la dama.

—¿Creeis vos que se lo dará ella?

—No la conozco.