Se fué acercando, y vió descender la escalera á Doña Beatriz seguida de una persona que parecia un alcalde de casa y corte, y de una de las doncellas de la casa. Don Pedro se detuvo, y delante de él, inclinándole apenas altivamente la cabeza, pasó Doña Beatriz acompañada del alcalde y de la doncella, y subió á la carroza que partió luego.
Don Pedro subió con rapidez las escaleras y se encontró con Don Alonso pálido y demudado.
—Don Pedro—dijo Don Alonso—el cielo sin duda os envía.
—¿Qué hay, pues?
—Doña Beatriz, á despecho mio, y de vos que me habeis pedido su mano, se empeña en casarse con Don Fernando de Quesada.
—¿Es decir que ahora va?.........
—En depósito á la casa de la vireina.
—¿Y vos qué haceis?
—Yo os juro que el matrimonio no se efectuará, aunque se empeñara el Arzobispo, y la Audiencia, y toda la jente de golilla de Nueva España.
—Os ha burlado Don Fernando por segunda vez.