—Iré y llevaré la prenda: ¿quién es el rival de Don Fernando?
—¿Guardareis el secreto, y nada direis al Oidor hasta que yo os lo permita?
—Sí.
—Pues se llama Don Pedro de Mejía.
—¡Jesus!
—No hay que espantarse, que peores cosas hemos visto: «Dádivas ablandan peñas,» y sobre todo—agregó la vieja con aire de burla—es un tonto el que cree en la fidelidad de la muger.
—¿Qué quereis decir?
—Nada, ya lo sabreis mas tarde.
La bruja salió, se cubrió con su manton y se dirijió á su casa.
Martin quedó pensativo, preocupado y diciendo á cada momento.