—Con esto de Doña Beatriz tiene razón la Sarmiento: «es un tonto el que cree en la fidelidad de las mugeres:» tiene razon. ¿Pero á qué me lo diria á mí? ¿Acaso María?......... ¡Jesus, qué horor, ni pensarlo! Pero en fin, la bruja tiene razon.

IV.
En que se ve que la Sarmiento sabia lo que entre manos traia.

AL dia siguiente Don Pedro de Mejía recibió un recado de la Sarmiento, suplicándole que en esa noche no faltase á su casa á las oraciones; y en efecto, al cerrar la noche Mejía llegó á la casa de la bruja.

—Habéisme enviado á llamar—dijo Mejía.

—Sí—contestó la bruja—porque para cumplir con lo que su señoría me ha encargado, fuerza será que su señoría me ayude.

—¿Qué es lo que quereis de mí?

—Sencilla cosa: que esta noche á las once esteis aquí y me consulteis el modo de deshaceros de Don Fernando, bajo el supuesto de que Doña Beatriz os ha correspondido vuestro amor.

—Pero eso no es cierto.

—Lo conozco, por desgracia vuestra; pero supuesto que tratais de robar á Doña Beatriz, y por consiguiente de deshaceros de los dos, no supongo que os pareis en tan poco, como en representar una comedia.

—Lo que puede producirme grandes compromisos.