—Pero ella lo salvó de la muerte una noche.........

—Es verdad; pero debe haber sido por no perder el aliado en el negocio de la fundacion del convento: ¿á que no le salva hoy?

—Quizá sean calumnias de Don Pedro.

—Y ¿á qué venia habérmelas dicho á mí, cuando se creia solo conmigo, y podia simple y sencillamente haberme pedido un tósigo para libertarse de un enemigo?

—Teneis razon—dijo Martin pensativo—¿quién lo creyera de Doña Beatriz?

—¿Quién? cualquiera que no tuviera como vos, ideas tan absurdas respecto de las mugeres.

—¿Realmente creeis que no debe fiarse de ninguna muger?—preguntó Martin.

—Si he de contestar la verdad, de ninguna.

—¿Ni de María?—dijo apasionadamente el Bachiller.

La Sarmiento en vez de contestar lanzó una burlona carcajada.