—No, sino porque habeis dado un veneno para Don Fernando, que es mi amigo.
—Si es ese vuestro cuidado, podeis estar tranquilo, que soy mejor amiga vuestra que lo que parece: los polvos que le he dado á Don Pedro no harán mas daño al amigo vuestro, si á tomarlos llega, que á vos que no los probareis: son polvos de pan.
—¿Es verdad eso?
—Ya lo vereis, y supongo que ya tendreis completa seguridad en cuanto os diga, con lo que habeis oido y presenciado en esta noche.
—¡No me hableis de eso!
—Por el contrario, de ello tengo que hablaros: ¿qué pensais de Doña Beatriz?
—Pienso que todo eso es increible.
—¿Persistís aún en vuestra duda?
—No; pero os aseguro que hay para volverse loco un hombre: ella que me hablaba de él con tanta pasion.........
—Porque sabia que vos íbais á referírselo á él.