—Es decir que me habeis prometido dejarme obrar.........

—Pero.........

—Tened un poco de paciencia, tirad los polvos y guardad el mas profundo silencio, de cuanto aquí ha pasado.

—Bien, ¿pero hasta cuándo?

—Cuatro dias os puse de plazo, y vá uno.

La Sarmiento cerró la puerta, y volvió á buscar al Bachiller.

Martin estaba horriblemente pálido.

—¿Qué direis ahora? preguntó sonriéndose la bruja.

—Digo que sois una muger infame.

—¿Porque os he descubierto este secreto?