—¿Y qué piensa hacer su señoría?
—Irémos á palacio á las doce, es preciso apurar el caliz.
Y se arrojó sobre un sillon, llorando como un niño.
VI.
En donde se acaba de probar que los zelos son malos consejeros.
A LAS doce de la noche Doña Beatriz llegaba á la casa de la Sarmiento, y á la misma hora Don Fernando se presentaba en palacio acompañado del Bachiller.
Se dirigió á las habitaciones de la vireina, y con poco trabajo supo por medio de las camareras que Doña Beatriz habia salido.
Nada mas quiso saber y volvió á su casa sombrío como una noche de tempestad. Martin no le quiso abandonar y permaneció á su lado procurando calmarle, hasta muy avanzada la mañana, en que el Oidor, fatigado, se durmió sentado en un sitial.
En ese intermedio habia pasado una escena semejante en la casa de la Sarmiento.
La bruja habia hecho ir á su casa, á esa hora en que sabia que Martin acompañaba al Oidor, á la muda María lujosamente vestida, y procuró dar á la casa todo el aspecto de una casa pobre; pero cristiana y decente.
Doña Beatriz seguida de Teodoro y de dos esclavos mas, llegó á la puerta, conducida por el Ahuizote, cómplice ciego en todas las maldades de la bruja.