—Pero esa noticia destroza la honra de una dama: decidme, ¿quién os lo ha dicho? ó de lo contrario, caro os podrá costar....
En este momento llamaron á la puerta.
—¿Quién va?—dijo con enfado Don Fernando.
—Esta carta para su señoría.
—Bien, vete.
El Oidor abrió la carta, era un anónimo que decia:
«Si el Oidor Don Fernando de Quesada aprecia en algo su honra, que esta noche á las doce vaya á palacio, y verá cómo se la guarda su futura esposa.»
Don Fernando se puso densamente pálido.
—Mirad, señor Bachiller, mirad—díjole mostrándole la carta.
El Bachiller la leyó.