—Estraño tanto más esa pregunta de vuestra parte—contestó el Oidor—cuanto que vos, como ninguno, conoce los pormenores del asunto; y francamente no sé á qué viene todo esto.
—¡Adiós!—pensó Martin—me hundí, por querer hacerlo todo muy bien; pero, ¿qué remedio? adentro—y luego dijo en voz alta:
—Pues......... quiero decir......... si no temiera......... en fin.........
—Hablad; ¿qué teneis esta tarde? nunca os he visto así; hablad, os lo suplico.
—Pues bien y claro es, que yo no quisiera que usía se casara con Doña Beatriz porque he sabido cosas terribles.
—La solté—dijo entre sí Martin.
—¿Cosas terribles?—preguntó espantado el Oidor.—¿Y qué cosas? Decid, no me alarmeis, por Dios.
—Pues señor: que Doña Beatriz engaña á usía y ama á otro.
—¡Las pruebas! ¡las pruebas!—dijo el Oidor, arrojándose como un tigre sobre Martin.
—Señor, por Dios, mirad que yo no tengo mas que ver en ello, que el dar una noticia á su señoría.