—Cómo, ¿no quereis que se haga el conjuro?

—Mirad, en primer lugar, que solo por no daros un disgusto, iba yo á presenciar el tal conjuro, que saldria tan cierto como lo que me dijísteis, que Doña Beatriz correspondia el amor de Don Fernando.

—Y le correspondia.

—Pero le engañaba.

—Bien, por eso os agregué que nunca poseeria él á la muger que amaba.

—Para todo teneis una salida; dadme el anillo, que ahora ya todo se descubrió: es fácil que el Oidor rompa su promesa y busque el anillo.

—Tomad la sortija y decidme, ¿por qué creeis que romperá la promesa?

—Ay, es nada, porque Doña Beatriz le es infiel, y mientras él piensa en ella, la dama sale á media noche á la calle.

—Vaya, pues son escrúpulos, porque conozco yo otros á quienes pasa lo mismo, y creo que no lo malician—dijo sonriéndose la bruja.

Los zelos volvieron á encenderse en el corazon de Martin, mas terribles con lo que habia presenciado.