—Supongo que eso no lo direis por mí, que un ángel es María.

La bruja volvió á soltar la carcajada que tanto habia irritado á Martin la noche anterior, y él por no poderse contener salió sin despedida de la casa de la Sarmiento.

—Ahora sí, ya está en sazon la cosa—dijo—bueno será avisar á Don Pedro de Mejía, despertaré al Ahuizote que duerme y le encargaré su papel.

—Hombre—dijo entrando á la cocina, en donde el Ahuizote roncaba sobre un mal jergon—levántate, que tengo que hablarte.

—¿Qué me quereis?—dijo el Ahuizote levantándose.

—Oyeme bien, ¿qué dieras tú por saber á dónde esta María y quién se la robó?

—Cuanto tengo—dijo el Ahuizote.

—¿Y por vengarte de él?

—Mi vida.

—Bueno, yo te voy á dar el medio de vengarte sin esponer uno solo de tus cabellos, y además, serás el poseedor de María, ¿te conviene?