—Mandadme.
—Solo que es necesario que hagas ni mas ni menos cuanto te voy á decir, ¿lo entiendes? sin apartarte de todo ello un solo punto.
—Lo haré.
—Bien, acompáñame á la casa de Don Pedro de Mejía, y te diré en el camino.
Aquella tarde el Ahuizote encontró á Martin en la calle.
—Garatuza—le dijo—¿á dónde vas?
—A la casa de Don Fernando.
—Siempre tú con esos gachupines que te han de pagar mal; ven, echaremos un trago de pulque y hablaremos, que tengo mucho que contarte.
—No es posible, el Oidor tiene una afliccion y necesito acompañarle.
—¿Y el dia que tú la tengas te acompañará él?