—Calculo que sí.
—No lo pienses: vamos, vente conmigo que te importa.
—Imposible—dijo Martin separándose.
—Bien, Garatuza, vete; si se rien de tí las gentes, recuerda que yo he tratado de impedirlo.
—¿Cómo? ¿qué quieres decir?—dijo volviendo precipitadamente Martin y recordando las indirectas de la bruja.
—Si no quieres saberlo, si te empeñas en ignorarlo.
—No me empeño, pero no creia que era cosa grave.
—Lo es.
—Dímela.
—Pues vamos andando, ante todo quiero que me confieses que me hiciste una mala accion.