En este momento se oyeron las campanas de algunas iglesias que tocaban á muerto.

—Tocan á muerto—dijo devotamente la vireina.—¿Quién será? Pobre: Requiem æternam dona eis, Domine.

Et lux perpetua luceat eis—contestaron las señoras.

Una camarera entró y la vireina le dirijió la palabra.

—¿Por quién doblan?

—Señora, contestó la camarera—un caballero acaba de dar la noticia de que es, porque en la calle del Factor, en la casa en que vivia una muchacha muda se ha encontrado hoy atravesado de una puñalada el cadáver del Oidor Don Fernando de Quesada.

—¡Jesus me favorezca!—esclamó Doña Beatriz, desplomándose en un sillon desmayada.

—¡Imprudente!—dijo á la camarera la vireina, apresurándose á socorrer á Doña Beatriz.

VII.
De cómo se hicieron las ceremonias para la fundacion del convento de Santa Teresa.

SE practicaron activísimas diligencias para averiguar el autor de la muerte de Don Fernando, y nada pudo sacarse en limpio: la pobre María y la criada fueron puestas en estrecha prision, pero tampoco pudo obtenerse de ellas una confesion que diese alguna luz en el proceso.