En este momento un familiar penetró á la habitacion, y presentó al Arzobispo en una bandeja de plata cincelada, un gran pliego cerrado y sellado.
—Debe ser sin duda—dijo el Arzobispo á D. Fernando—la contestacion de su Excelencia, al pliego que le envié esta mañana, dándole la noticia de haber tomado la posesion de las casas, y pidiéndole su beneplácito para comenzar la obra.
El Arzobispo abrió aquel pliego, y á medida que iba avanzando en la lectura, D. Fernando podia notar que se ponia alternativamente pálido y encendido, y que un sudor lijero humedecia la raiz de sus cabellos.
Mirad—dijo por fin alargándole el pliego con una mano convulsa.
El Oidor leyó y se inmutó á su vez.
—Orden del Virey para suspender los trabajos, hasta que existan fondos necesarios para la obra.
—Exactamente, ¡pero estas son intrigas de D. Alonso!
—Tal creo, señor.
—¡Fondos necesarios!..... ¿y qué calificará de fondos necesarios su Excelencia?
—Esta es la dificultad: será preciso que haya en las cajas de la fábrica doscientos mil pesos; de lo contrario, siempre pondrán á su Ilustrísima la misma dificultad.