—¡Oh! Cuando á mí me estrañaba el silencio de D. Alonso de Rivera.

—¿Y piensa su Ilustrísima que suspendamos la obra?

—De ninguna manera: es fuerza luchar con todas estas dificultades; pero con la constancia y el trabajo triunfaremos.

—Omnia vincit labor.

—Et constantia vincit omnia—en este momento me voy á palacio; de convencer tengo á su Excelencia, y mañana comenzará nuestra obra.

—Y yo prometo á su Ilustrísima que como su Excelencia no nos niegue su permiso, mañana en la tarde todas esas casas estarán completamente derribadas. Con permiso de su Ilustrísima me retiro á prepararlo todo, porque tengo fé en que su Ilustrísima alcanzará lo que desea.

—Vaya su señoría, que yo le aseguro que el beneplácito de su Excelencia lo tendré esta misma tarde.

El Arzobispo tendió la mano, el Oidor besó respetuosamente el anillo pastoral, y se retiró.

Pocos minutos despues el carruaje del Arzobispo se dirigía á palacio, precedido de un pertiguero montado en una mula blanca, lo cual era indicio que iba dentro del coche su Ilustrísima.

V.
En donde se descubre por qué estaba Doña Beatriz tan preocupada con la fundacion del convento de Santa Teresa.