Algunas personas que pasaron por allí á las dos de la mañana pudieron ver á Presentacion que esperaba aún.

IX.
Otra vez con la Sarmiento.

EL Bachiller Martin de Villavicencio, alias Garatuza, no pensó despues de la muerte del Oidor, y cuando el Ahuizote le arrancó del lugar del acontecimiento, sino en buscar un paraje seguro en donde escapar de las garras de los alguaciles y corchetes, en caso de que algo se llegase á descubrir, y ni á él ni al Ahuizote les ocurrió lugar mas á propósito, que las cuevas de la Sarmiento, y para la casa de esta se dirigieron.

Verdaderamente el Bachiller ni sospechas tenia de quién habia sido el hombre muerto por su mano; el Ahuizote no habia recibido de la Sarmiento mas que instrucciones para llevar allí á Martin, y él tampoco podia sacarle de dudas.

Cuando llegaron los dos á la casa de la bruja, esta tambien acababa de llegar, tambien ella habia ido á presenciar la escena, y por eso Martin escuchó su carcajada en el momento en que vió abrirse la casa de María.

—¿Qué andáis haciendo?—preguntó la bruja haciéndose de las nuevas.

—Señora Sarmiento—contestó Martin—acabo de matar á un hombre por justos motivos, y témome mucho que la justicia dé sobre mí, si algo sospecha, y vengo á pediros asilo.

—Lo tendréis, que ya esperaba yo que por eso vendriais de un día al otro.

—¿Luego vos sabiais ya algo de María?

—Nada.