—¿Y cumplireis?
—Cumpliré, aunque la cita en la calle de la Celada tiene traza de ser una verdadera celada, pero tomaré mis precauciones.
—Y hareis perfectamente.
—Sí, que en todo caso no es miedo la prudencia, y nunca cuando se trata con personas de esta clase.—Ahuizote te espero mañana á las oraciones, y cuida de buscar tres ó cuatro compañeros de confianza, y bien armados que vengan también contigo: puedes retirarte.
El Ahuizote saludó y se retiró.
—Ahora nosotras á descansar—dijo Luisa.
—A descansar—replicó la Sarmiento—que mañana será otro dia.
XI.
Como en donde menos se piensa.....
DON Pedro y Don Alonso esperaban con impaciencia la hora de la cita con Luisa, en la casa de la calle de la Celada.
Todo estaba dispuesto por ellos de la manera mas á propósito para apoderarse de aquella muger, si la ocasion se presentaba favorable para hacerla desaparecer.