—Por supuesto.
—Entonces pueden morir en paz.........
El Bachiller se sentia espirar.
—Estamos perdidos—dijo á Teodoro.
—Veremos—contestó el negro, y pasando delante de Martin comenzó á examinar la trampa.
El humo hacia llorar.
Teodoro examinó la fortaleza de la cerradura, y luego con mucha calma bajó al subterráneo y tomó una viga que allí habia y volvió á subir con ella.
Luisa y la Sarmiento no habian contado con la fuerza titánica de Teodoro.
El negro tomó con sus dos manos la vigueta, y balanceándola dos veces para darle impulso, la levantó violentamente para abrir la puerta que estaba sobre su cabeza: á los tres golpes la puerta saltó hecha pedazos, y Martin y Teodoro salieron del subterráneo.
Las dos mugeres los veian espantadas desde un rincon.