Allí tambien habia en juego otro interes. Don Alonso no desistia de su proyecto de enlazarse con Doña Blanca, y de hacer desaparecer á Mejía para que ella y él, como su marido, quedasen enteramente dueños de la inmensa fortuna de los Mejías.
El matrimonio de Luisa venia en auxilio de su empresa.
Luisa, por la misma razón que Don Alonso deseaba deshacerse de Don Pedro, desearia deshacerse ella de Doña Blanca, y ésta perseguida y hostigada por la muger de su hermano, buscaria un amparo, y entonces era la sazon de ofrecerla su mano.
Luego Luisa tendria por matrimonio un combate eterno con Don Pedro, y si Don Alonso la ayudaba algo, la pérdida de Mejía era indudable.
En los intereses de Don Alonso estaba pues, facilitar la boda de Don Pedro con Luisa, y hacer comprender á aquel que despues del matrimonio, seria muy fácil pretestar un viaje á cualquiera parte, y en ese viaje la muerte podria sorprender á la confiada esposa.
Convenido, pues, todo, no tardó en verificarse el matrimonio, que si no fué secreto, sí se cuidó de que se hiciera lo menos público que fuera posible.
Desde el dia que Luisa recibió la carta que contenia el consentimiento de Don Pedro para la boda, dejó la casa de la Sarmiento y volvió á ocupar su antigua habitacion, en la que habia muerto Don Manuel de la Sosa; avisó á sus amistades que estaba ya de vuelta, y les contó que habia pasado en el campo todo el tiempo de su ausencia, y á donde se habia retirado, para poder, sin testigos, dar rienda suelta á su dolor.
Lo acontecido con Don Cárlos de Arellano era tan secreto, que si ella ó él no lo descubrian, nadie mas podia hacerlo, y era seguro que ninguno de los dos cometeria esta indiscrecion.
Era ya la víspera del dia en que Don Pedro debia tomar estado, y á pesar de que Doña Blanca permanecia encerrada, creyó necesario darle noticia del casamiento por instigaciones de Don Alonso, y para evitarse una escena desagradable, el mismo Don Alonso se comprometió á llevar la noticia á Doña Blanca.
La jóven bordaba una palia, sentada enfrente de una alta ventana que daba á los patios interiores; estaba pálida y consumida, sus ojos indicaban que continuamente lloraba.