—Pero Don Pedro, si yo no me siento con vocacion para profesar.

—Eh, boberas y tonterías, vuestra madrina se sentia menos abocada á la vida religiosa, puesto que se iba á casar, y que todas las desgracias acontecieron segun cuenta el vulgo, porque además del Oidor su novio, tenia un querido á quien visitaba ella á media noche.

—¡Don Pedro!—dijo indignada Doña Blanca—no toqueis la honra de mi madrina que es una santa.

—Será, y en buen lugar está hoy para irse al cielo, pero veis cómo sin tener vocacion de monja, sino mas de casada, ha tomado el velo.

—Pero no me siento con valor.........

—Desengañaos: por última vez, si no os decidís á tomar el velo, no saldreis de aquí sino muerta, y no habrá poder humano que os saque de mis manos ni os lisonjeis con los amores del Don Cesar de Villaclara que ha pasado ya aguas de mar, que está en Manila, y que hasta dentro de ocho años no vendrá, para cuyo tiempo estareis vos ó muerta ó en el claustro; con que supuesto que no hay esperanzas, decidios y entrad al noviciado con vuestra madrina.

Doña Blanca quedó pensativa: Don Pedro la contemplaba en silencio.

—Está bien—dijo la jóven de repente—mañana mismo entraré de novicia al convento de Santa Teresa.

—¿Mañana mismo?

—Sí, mañana, disponedlo todo, vos lo quereis, vos me obligais, se hará: pero Dios os tomará estrecha cuenta si mi alma se pierde por culpa vuestra.