—Sentaos, que vengo solo á preguntaros de un negocio que me interesa.

—Mande su señoría.

—El vulgo dice que sois hechicero.

—Sabe muy bien su señoría que el vulgo es vulgo, y siempre se engaña.

—Sin embargo—dijo Don Cárlos tratando de lucir su erudicion—Vox populi, vox Dei.

—Es cierto, señor alcalde; pero el vulgo no es el pueblo: el vulgo no es mas que el vulgo.

—Bien, dejemos eso, tengan ó no razon, lo que es cierto es que á consultaros vienen cuando traen alguna empresa entre manos.

—Y crea su señoría que se van lo mismo que han venido.

—Lo que no quita que vos conozcais sus intentos.

—Cierto es eso.