Ante todo, no podemos resistir al deseo de dar á conocer las grandes potestades infernales y ministros de Lucifer que reconocian los mágicos y los hechiceros, y eran segun ellos:

Lusifuge Rosocale, dueño y dispensador de riquezas y tesoros.

Satanachia, poderoso para someter y disponer de todas las mugeres de la tierra.

Agaliarept, poseedor de todos los secretos y misterios.

Flourety, capaz de construir ó arrazar cualquier cosa, durante una noche.

—Sayatanás, con el poder de trasportar y volver invisible á un hombre, y con las llaves de todas las cerraduras. Y Nevivos, sabio en todas las ciencias naturales.

A toda esta córte ocurrian en aquellos tiempos los hechiceros y encantadores, y pagaban estas imaginarias amistades, muriendo en una hoguera y en medio de los tormentos mas espantosos.

Don Cárlos comenzó á leer:

—«Llamamiento á Lucifer. Emperador Lucifer príncipe y amo de los espíritus rebeldes, yo te ruego que abandones tu morada en cualquier parte del mundo que esté para venir á hablarme: te mando y conjuro de parte del Dios vivo, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que vengas sin causar ningun mal olor, y me respondas en alta é inteligible voz artículo por artículo, cuanto yo te preguntare; y de no hacerlo así, serás obligado por el poder del grande Adonay, Eloim, Ariel, Jehova, Tagla, Mathon, y todos los otros espíritus superiores á tí, y que te castigarán.»

«Venite, venite.»