Don Cesar se sintió contrariado, pero tuvo necesidad de acompañar al virey y escuchar toda la relacion de su boca, y comprendió que la dama habia hablado al marqués creyendo que era él, y sintió renacer sus esperanzas.
—¿Es decir que V. E. prescinde de la empresa completamente?
—Sí, Don Cesar, esa dama me ha recordado lo que yo nunca debiera haber perdido de vista.
Don Cesar guardó silencio, pero se alegró en su interior y juró ser él quien continuara persiguiendo á la jóven.
Aquella noche comprendió ya que era infructuoso su paseo, y se retiró.
Pero á la siguiente tarde pasó y volvió á pasar, hasta que volvió á abrirse la ventana y Blanca volvió á presentarse.
Ella lo habia dicho: si él volvia, quizá no podia resistir.
Don Cesar procuró aprovechar la ocasion, y pasando junto á la ventana dejó caer, por decirlo así, estas palabras:
—Hasta la noche.
—Sí—dijo Blanca encendida de rubor y cerrando, y luego agregó en su interior.