En efecto era él, que venia á seguir por su parte la comensada empresa.

—Don Cesar—dijo el virey aproximándose.

—Señor—contestó Don Cesar.

—¿A dónde vais?

—A la calle de San Hipólito.

—No es necesario ya, acompañadme á palacio y os referiré lo que me ha pasado con esa dama misteriosa.

—¿La ha visto V. E?

—Aun mas que eso: la he hablado.

—¿Hablado?

—Sí, venid, y os contaré.