La conversacion se prolongó por mucho tiempo entre dulcísimos requiebros y alegres planes para el porvenir, y entre frases de amor y besos de pasion.
El alba comenzaba ya á despuntar cuando Don Cesar se apartaba de la reja llevando la felicidad en el corazon, y dejando á Blanca en medio de un paraiso encantado.
Todo estuvo entre ellos convenido; Blanca se iria á la casa que debia tomar Don Cesar á ocultar su nombre y su pasion.
Entre amantes se arreglan en una hora cosas mas difísiles y atrevidas, que en los congresos y en las asambleas en un año.
X.
De lo que pasó con Don Cárlos de Arellano, y cómo volvió él á ver á Luisa.
Don Cárlos de Arellano, á quien hemos dejado en el momento en que un criado que venia á caballo preguntaba por él, recibió con ese criado dos cartas de México.
La una era del virey, y la otra de Don Pedro de Mejía.
Con el virey cultivaba corta amistad á pesar de ser uno de sus grandes partidarios, y con Don Pedro de Mejía, á resultas de todo lo acontecido con Luisa, no tenia relaciones de ninguna especie.
Don Cárlos se admiró de recibir aquellas dos cartas, y sobre todo, la de Mejía: en ambas lo solicitaban para que fuese á la capital.
Arellano antes de resolverse quiso consultar con Chema, que era su maestro, y á quien habia llegado á tener en alta estimacion.