—Don José, Don José—dijo Arellano despertando al viejo, que habia quedado durmiendo.
—¿Que hay?
—Dos cartas que tengo aquí de México, sobre las que quisiera saber vuestra opinion.
—¿Y qué dicen?
—Me invitan á ir para allá, y ambas por razones bien distintas; oíd, la una es del virey.
Don Cárlos leyó la primera carta.
«Para el mejor servicio de Su Majestad (Q. D. G.) deseara que viniéseis á México á tener vista conmigo, para tratar de algunos negocios importantes del reino, y de la provincia de que sois Alcalde Mayor; esto es de la mayor urgencia.
Dios os guarde muchos años.
El Marqués de Gelves.»
—¿Y bien?—preguntó Don José—¿qué habeis pensado hacer?