Dicen algunos que el animal mas curioso de la creacion es la muger.—Yo opino que el vecino es mas curioso que la muger—y los vecinos de aquellos rumbos observaron: (lo que prueba que estaban en acecho) que á las diez de la noche del siguiente dia, se iluminó la casa por dentro.
La curiosidad creció y comenzaron á formarse mil comentarios, y á fastidiarse porque trascurrian dos horas y no se veia mas que la luz.
A las doce y media se oyó á lo lejos el ruido de una carroza que se aproximaba, y que vino á pararse frente á la puerta de la casa.
Quién salió de aquella carroza nadie lo supo, pero ella permaneció allí hasta que comenzó á salir la luz, y entonces se retiró. Como habia modo ya de percibir quién la ocupaba, todos se empeñaron en descubrirlo creyendo encontrar, lo menos al diablo, pero solo pudieron alcanzar á ver una mano negra que se apoyaba en una de las portezuelas.
La curiosidad del caritativo vecindario, no satisfecha, se contentó con decir:
—Estas son cosas del enemigo malo: Dios nos saque con bien—y luego santiguarse.
Vamos nosotros á retroceder un poco, para que el lector sepa lo que contenia aquel misterio.
Don Cesar, como habia dicho muy bien el Ahuizote á Luisa, tenia ya dispuesta su casa y debia trasladar á ella á Blanca. Teodoro instruido por esta, era su auxiliar y su protector.
Pero á una muger como Blanca le hubiera sido imposible ser la querida de un hombre, y aunque á trueque de un sacrificio, ella queria santificar si esto era posible, su union con Don Cesar de Villaclara.
Doña Blanca creia que su deshonra y su castigo seria menor si al descubrirse todo se publicaba que teniendo voto de castidad habia contraido matrimonio, que si se hubiera referido en público pura y sencillamente que era la manceba de Don Cesar de Villaclara. El orgullo de su sangre y sus ideas religiosas se sublevaban contra esta idea y pensaba que el Sacramento del Matrimonio atenuaba su falta.