Las monedas de plata no eran redondas como ahora, sino de formas irregulares.
El Bachiller Martin salió de la tienda.
—Primero—pensó—iré á dar aviso á Don Fernando y luego me dirijiré en busca del ahuizote, me parece que él es el que se va á encargar de este negocio, veremos de advertir al señor Oidor, hay tiempo aunque muy corto, porque la tarde ya pardea.
Martin se dirijió á la casa del Oidor.
Enfrente vió á Teodoro, como un centinela de mármol negro, y pasó casi rozándolo.
—¿Ahí está?—dijo al pasar junto al negro.
—Sí—contestó Teodoro.
Martin entró á la casa, y encontró al Oidor, paseándose en uno de los largos corredores.
—Buenas tardes dé Dios á usía—dijo Martin.
—Así se las dé al señor Bachiller—contestó el Oidor.—¿Qué vientos os traen por aquí á esta hora? ¿El señor Arzobispo ha vuelto ya de palacio?