—No he podido averiguar.
—¿Quiénes le acompañan?
—Lo ignoro, pero no deben ser de los nuestros, porque él no me dijo nada, sino que me advirtió que vendria él solo por las tres espadas.
—¿Cómo sabremos?
—Solo hablando al mismo ahuizote.
—¿Dónde podré hallarle?
—En casa de la bruja Sarmiento á la oracion de la noche.
—Iré allá; tenme preparadas á mí tambien tres buenas espadas y tres dagas para esta noche, toma.
El Zambo alargó la mano, y Martin puso en ella algunas monedas de plata.
Apesar de la riqueza casi fabulosa, de las minas de oro y plata de la Nueva España, los colonos no conocian ni usaban en sus mercados monedas de oro. Los reyes de España habian prohibido su acuñacion, y hasta el año de 1676 se consintió á la casa de moneda de México, labrarla y ponerla en circulacion, pregonándose y celebrándose la real cédula, saliendo á caballo los ministros de la casa de Moneda, con atabales y bajo de arcos, en medio de una gran solemnidad.